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jueves, 16 de julio de 2015

Fragmentos contra el engaño: La cláusula suelo

Hoy las cláusulas suelo se ganan por los consumidores sí o sí. Es asentada jurisprudencia que es una cláusula abusiva. Pero hace dos años, la primera vez que tuve frente a mí una escritura con cláusula suelo y demás documentación, no lo era, y debíamos acreditar que lo que se firmaba en el papel no se conocía por parte del firmante, y que por eso no correspondía aplicárselo  a pesar de estar firmado. 
Para ello me valí de observar que no coincidía la cláusula suelo fijada en la escritura con el tipo de interés que se venía aplicando a lo largo de los años en la hipoteca  
-más ventajoso que aquél límite de la escritura por un largo tiempo, cesando tal ventaja durante el último año-. 

Y fue esto lo que discurrí para la demanda de mi mentora. Esta fue mi aportación, recién licenciada en Derecho, de la que me siento orgullosa no por el fondo argumental, sino por la pasión que ya desprendía entonces. Así comenzó todo: 



"La situación de engaño y abuso por parte del banco se llevaba a cabo de forma inteligente y sutil mediante la generación de confianza y credulidad en sus clientes. Pretendían que obviasen lo que estaba por escrito, y que creyesen en las condiciones que se establecían de palabra.


Buena muestra de esto es la bajada del tipo de interés tras la primera aplicación de la cláusula suelo, como un gesto generoso hacia sus clientes, sin que constase nada por escrito. Esta primera bajada hasta el 3% desde el 3´80%, fue fruto únicamente de una conversación amable y distendida, un ofrecimiento por parte del banco que enmascaraba una manipulación que evitaría que sus clientes se cambiasen a otro banco. 



Para afianzar esa confianza en la palabra del personal por encima de lo que pudiera establecerse por escrito (y perpetrar sus engaños y abusos con mayor facilidad) les mejoraron la oferta del descuento, alcanzando esta vez un 2´3 % el tipo de interés a aplicar, y se les indicó a los consumidores que a pesar de estar señalado en la carta que adjuntamos que se llevaría a cabo por un plazo de 3 meses, en realidad se sucedería de ahí en adelante; que la carta es para que conste a efectos internos, gestiones del banco, puras formalidades. Y, ¿Qué duda cabía para los clientes de su palabra, si fue cierto que pasados esos tres meses se continuó con un 2´3 %? ¿Cómo podrían imaginar que les estaban engañando sólo para que no se cambiaran de banco y que en cuanto dejase de haber otras ofertas en la competencia, su ventaja también desaparecería?



No podemos exigir al consumidor que dude de cuanto se le dice, no podemos pretender que sepa de antemano que le están manipulando, puesto que los hechos le demostraban que podía confiar en lo que se le indicaba por parte del personal bancario. No es cuestión de falsas promesas, sino de un verdadero engaño conseguido mediante actos (como una bajada del tipo de interés que no forma parte de las escrituras) que propician que no quepa duda de lo que se dice de palabra por mucho que contradiga lo que se dice por escrito. Por ello, y del mismo modo, a pesar de que en las escrituras aparezca una cláusula suelo, si el personal les indica que no les afectará cumpliendo todos los requisitos para descontar el tipo de interés, ¿cómo no creerlo cuando les rebajaron el tipo de interés?



 Es difícil para el consumidor saber a qué atenerse: si a las palabras de quien le habla o a los documentos que se firman, puesto que lo que se cumple es lo que se dice de palabra, y no lo que consta por escrito. Por todo esto, darle credibilidad exacta a lo que se indica en los documentos en juicio y exigir diligencia al consumidor para conocerlos y contrastarlos no tiene virtualidad, puesto que no era necesariamente lo único determinante para la relación contractual: también existían compromisos verbales cuya carga probatoria es excesiva para el consumidor, y no obstante evidente ya que pocas veces los documentos por escrito, que aquí aportamos, se correspondieron con la realidad."